ECONOMÍA Y SOCIEDAD

Con la caída de Granada, muchos andalusíes huyen a la Alpujarra. La región fue el último refugio de los moriscos, que permanecieron en la zona hasta mucho después de la caída del Reino Nazarí. 

A lo largo del siglo XVI, la instalación de los nuevos pobladores fue progresiva. 

El nuevo poder castellano trajo consigo modificaciones en todos los aspectos de la sociedad. En cuanto a la estructuración del territorio, por ejemplo, se crearon señoríos, lo que significó una acumulación de propiedades en pocas manos. Muchos moriscos, antes propietarios de los minifundios del medio rural, con los repartimientos pasaron a ser asalariados de los cristianos viejos.

Los moriscos eran hábiles en las labores agrícolas y ganaderas y magníficos artesanos. Pero ahora se encontraban en una categoría social inferior a los cristianos. Muchos perdieron sus parcelas de regadío, antaño dedicadas al autoconsumo. Los campesinos moriscos que quedaban se enfrentaban a una poderosa minoría de cristianos viejos, dueños de las tierras de mayor valor, que detectaban el poder local, ejerciendo, además, el dominio ideológico.

La conquista cristiana colocó al Islam en situación de religión prohibida, porque con el tiempo la conversión al cristianismo fue forzosa. Ello causó un gran rechazo de los moriscos hacia los cristianos. Conservaron en secreto su cultura, tradiciones, ritos y organización.

La convivencia entre mudéjares y cristianos fue muy complicada desde el principio. Con el tiempo, tanto representantes del poder institucional como la población cristiana en general practicaron una represión continua y sistemática contra los mudéjares primero, y luego contra los moriscos. 

El Estado, estimulado por los cristianos viejos, aplicó una radical política aculturalizadora, hasta condenar plenamente las costumbres y prácticas religiosas de los moriscos. Felipe II añadió a la creciente acción represiva de la Inquisición una serie de medidas socioeconómicas nefastas para los moriscos e hizo efectivas las medidas de la Capilla Real de 1.526 (que los moriscos habían logrado suspender durante 40 años), mediante Pragmática publicada el 1 de enero de 1.567, por la que se prohibían todas las prácticas tradicionales de los moriscos: nombres, lengua hablada y escrita, vestimenta, adornos personales, fiestas, ritos, celebraciones, etc.

Las prohibiciones y las restricciones cada vez mayores provocaron varios levantamientos.

 

LAS SUBLEVACIONES

La población mudéjar y morisca fue muy importante en La Alpujarra, hasta el punto de constituir un destacable foco de resistencia a la corona castellana en varias ocasiones.

Primera sublevación (1.499 - 1.551)

El incumplimiento de Las Capitulaciones que derivaron de la conquista de Granada, por parte de la corona, llevó a una primera sublevación de los mudéjares, musulmanes dentro de territorio cristiano.

Al ser vencidos, se les dio a escoger entre convertirse al cristianismo o marcharse fuera de España. La mayoría optó por bautizarse, dando lugar a los moriscos, los mudéjares conversos o los descendientes de estos.

Segunda sublevación (1.568 - 1.571)

Se trata fundamentalmente del levantamiento de los moriscos contra los cristianos en La Alpujarra, en la Serranía de Ronda y en la Sierra de Bentomiz. Ocurre durante el reinado de Felipe II y a raíz de la Pragmática Sanción de 1.567, por la que se prohíbe el empleo de la lengua árabe y la expresión de usos y creencias moriscas.

En la denominada Guerra de Las Alpujarras, los moriscos resisten mediante una lucha de guerrillas al acoso de las tropas cristianas, al mando del marqués de Mondéjar. Cuentan con la ventaja de conocer el territorio, recibiendo además ayuda militar del Imperio Otomano.

Don Fernando de Córdoba y Válor, perteneciente a una antigua familia musulmana, había asumido el mando, siendo proclamado rey con el nombre de Aben Humeya. Sería, sin embargo, traicionado y asesinado por su primo Abén Aboo, que se convierte en nuevo líder antes de la rendición total de los moriscos. 

Las rivalidades internas entre los propios cabecillas fueron decisivas para que la contienda se resolviese a favor de los cristianos. La llegada de Don Juan de Austria, que se pone al mando de las tropas cristianas, obliga a los rebeldes a rendirse en 1.571.

Tras ser sofocada la rebelión, los supervivientes son expulsados de la comarca (proceso que ya había comenzado durante la guerra), procediéndose a la repoblación con cristianos procedentes de otras zonas de la Península. La población morisca fue dispersada por diversos territorios de la Corona de Castilla (como Andalucía Occidental y las dos Castillas).

Felipe III decretó la expulsión definitiva en 1.609. Desde entonces hasta 1.614, cuando se consideró finalizado el proceso, salieron hacia el Norte de África miles de moriscos. Algunas familias permanecieron en la zona, manteniéndose ocultas.

En aquellos momentos La Alpujarra presenta un estado lamentable. Cultivos arrasados y casas, acequias o molinos devastados se unen a una población que cuenta con un número muy inferior al de la época precedente.

 

REPOBLACIÓN

El exilio provocó en la comarca un notable descenso poblacional y el hundimiento de la economía, antaño representada por una agricultura y una industria florecientes. Y los moriscos ya no estaban para levantarla. Además, durante los enfrentamientos se destruyeron numerosas alquerías, sus talleres artesanales o sus campos de cultivo.

A raíz de la expulsión de los moriscos y la posterior repoblación, en la zona tuvo lugar un gran cambio que afectó a diversos aspectos culturales, económicos y sociales. 

La Repoblación, con cristianos procedentes de Andalucía Occidental, ambas Castillas o los reinos de Galicia, Murcia y Valencia fue un fracaso, pues las condiciones para los nuevos habitantes, por parte de la corona, no fueron buenas, pretendiendo obtener un gran beneficio económico con el proceso. A ello se unieron la incapacidad de los nuevos pobladores para adaptarse a las condiciones del medio físico alpujarreño y el desconoci¬miento de los métodos de cultivo propios de la zona, como el regadío y la arboricultura, centrándose ellos en el secano. A pesar de que, por orden de la Corona, dos familias moriscas permanecieron en cada pueblo para enseñar a los nuevos pobladores los secretos de su floreciente economía, elementos como los sistemas agrícolas se perdieron, sustituidos por elementos de origen castellano.