Los asentamientos medievales son los que caracterizan esta región. En ocasiones, su prolongada ocupación llega hasta la actualidad.

La Alpujarra toma especial protagonismo en el período de al-Ándalus. Es próspera y rica y de estos momentos proceden muchos de los rasgos culturales que caracterizan a la comarca, mezclados con el sustrato ya existente. Esto ocurre de una forma lenta y progresiva, siendo la población mozárabe (cristianos en territorio musulmán) muy importante en los primeros momentos. Poco a poco, la Alpujarra tendrá cada vez mayor protagonismo en al-Ándalus.

 

SOCIEDAD

En cuanto al modelo poblacional o de ocupación del territorio, es característica del período medieval la formación de un nuevo tipo de hábitat con respecto a los asentamientos de la época antigua. Se constituye la red de castillos y alquerías. 

En La Alpujarra, el modelo de ocupación del territorio se debe a una combinación de factores defensivos y productivos, condicionados por un medio físico abrupto. Se trata de un espacio bien comunicado por diferentes caminos, que conectan a las propias alquerías y a la zona con el exterior, contando con buenos accesos para ir a Almería, Málaga, Guadix, Granada.

Las alquerías

Son el elemento esencial del poblamiento rural, sobre todo en época nazarí. No existen grandes ciudades que organicen el poblamiento. 

Suelen encontrarse jerarquizadas por sus dimensiones y las funciones administrativas que puedan ejercer. Aunque hay diversidad de tamaños y complejidad de su tejido urbano, suelen presentar unas características comunes.

Se constituyen normalmente como núcleos no fortificados, aunque a veces puede existir una fortaleza en su interior. Suelen estar constituidas por barrios separados.

Al tratarse de una sociedad musulmana en la que tienen especial protagonismo los edificios religiosos,  presentan una o varias mezquitas y alguna rábita.

A ellas suele vincularse un territorio próximo, que es utilizado como tierra de cultivo, para la explotación de pastos, etc.

 

ECONOMÍA

La sociedad alpujarreña está constituida en estos momentos por comunidades rurales, en las que la agricultura y la ganadería son las actividades principales. Hasta el punto de que la organización agrícola proporciona una estructuración determinada del espacio cultivado y del hábitat.

El espacio agrícola más importante es el irrigado (el secano es secundario). Para adaptarse a los desniveles del terreno se encuentra aterrazado, por lo que además es esencial conducir el agua de las acequias hasta los campos de cultivo. Junto a ellas, existe todo un elenco de infraestructuras al servicio de la agricultura de regadío, relacionadas con la captación, conducción y almacenamiento del agua, con la distribución a los campos, etc.

El espacio agrario se organiza en policultivos, relacionados con el autoabastecimiento. La pequeña propiedad o minifundio es predominante. Cuando existen excedentes, se destinan al comercio. Junto a variadísimas hortalizas y árboles frutales aparecen algunas plantas textiles y tintóreas y algunos cereales, que se alternan con leguminosas.

 

EVOLUCIÓN DE LA ESTRUCTURA ADMINISTRATIVA

En época altomedieval, en el siglo XI, tiene lugar una nueva organización administrativa en la cora de Ilbira, que suponía la división de la Alpujarra en 18 ayza (plural de yuz) o distritos político-administrativos, integrados por varias alquerías. Los castillos constituyen elementos de gran importancia en la organización del territorio en estos momentos. Esta organización tiene en cuenta la estructura geográfica en valles perpendiculares a las laderas de Sierra Nevada. 

En los siglos XII-XIII, el territorio alpujarreño se encuentra dividido u organizado en 5 extensas unidades administrativas denominadas aqalim (plural de iqlim), que incluirían a los anteriores ayza.

En el periodo nazarí, la Alpujarra aparece divida en tahas. Se mantuvieron hasta después de la expulsión de los moriscos. Eran doce y se denominaban de Órgiva, de Poqueira, de Ferreira, de Juviles, de Ugíjar, de Andarax, de Lúchar, de Marchena o de Alboloduy,  entre otras. Posteriormente, se siguen aplicando sus nombres hasta el siglo XVIII, aunque en algunos casos no se respeta el territorio original.

 

POLÍTICA

Los problemas internos entre los visigodos propiciaron la llegada de los musulmanes en el año 711, con el desembarco de Tariq y la victoria de Guadalete. Árabes y beréberes inician la islamización, surgiendo los muladíes (los judíos y cristianos que se convierten al Islam) y los mozárabes (judíos y cristianos que continúan con sus antiguas creencias a cambio del pago de un tributo).

Al-Andalus pasa a ser una provincia dependiente del Califato de Damasco, gobernada por un emir residente en Córdoba. Posteriormente se proclama el emirato independiente (año 756) y más tarde el Califato de Córdoba (año 929). En 1.031, el derrumbamiento del Califato da lugar a los reinos de taifas y luego a las etapas almorávide y almohade. En 1.238 se constituye el reino nazarí de Granada, el último baluarte musulmán en la península. Perdura desde que Ibn al-Ahmar llega a Granada hasta que los Reyes Católicos entran en la ciudad en el 1.492, poniendo fin a la Guerra de Granada.

Las rebeliones

Desde muy pronto hubo un fuerte asentamiento árabe en La Alpujarra, y también desde muy temprano la comarca se convirtió en un foco permanente de tensión, pues sus habitantes se negaban a someterse y luchaban por su independencia. Se constituyó como escenario de varias revueltas.

En tiempos del emir Hišân I (796-798) se sublevaron varios grupos autóctonos en La Alpujarra (Aybul Bušarra), asentados en la zona de Escariantes (al sur de Lucainena) y Juliana (frente a Mecina Tedel). 

La segunda rebelión importante sucede durante los emiratos de Muhammad I (852-886) y ‘Abd Allâh (888-912): la revuelta muladí encabezada por Ibn Hafsûn.  Será sofocada por ‘Abd al-Rahmân III an-Nasir (912-961) en 913, asediando y tomando el castillo de Juviles.

Guerra de Granada

El cerco cristiano al Reino de Granada empeora con los problemas dinásticos entre El Zagal y Boabdil, que desembocan en una guerra civil que ayuda a su desaparición, en la Guerra de Granada.

El 2 de enero de 1492, Granada se rinde y  Boabdil “el Chico” firma las Capitulaciones con los Reyes Católicos.

El último rey nazarí se convierte en Señor de La Alpujarra durante sus últimos meses en la Península, ya que la región es concedida como señorío a Boabdil, que se instala en Andarax, y a sus máximos colaboradores. Un año después se marcharía a África, siendo vendido el territorio a los monarcas castellanos. 

En un principio, mediante las Capitulaciones se concedía a la población musulmana el respeto de sus creencias, usos y costumbres, así como de sus propiedades. 

Pronto, sin embargo, se fueron estableciendo condiciones más duras, como la obligación de bautizarse. A ello se unieron los repartimientos de tierras a la aristocracia castellana.