IBEROS

Los pueblos prerromanos autóctonos terminan convergiendo en la Cultura Ibérica, ocupando ampliamente la comarca de La Alpujarra, como demuestran asentamientos como el del Cerrillo Rigualte (Berja) y El Cerrón (Dalias).

Los íberos poseen una elevada organización social, económica, política, militar, religiosa y cultural. Llegan incluso a época romana.

TARTESOS

En Andalucía occidental se desarrolla el poderoso y rico estado de Tartesos, expandiéndose a la zona oriental, a pesar de la poderosa cultura celta. Llegan a la comarca atraídos por sus minas, ya que una parte importante de su economía se sustenta básicamente en la metalurgia y el activo comercio de la misma. Entre sus principales centros mineros se encuentran los de la Contraviesa. Trajeron consigo avanzados conceptos sociales, religiosos, políticos, económicos y culturales. 

GRIEGOS Y FENICIOS

La colonización de los pueblos orientales está representada por griegos y fenicios, a los que siguieron los cartagineses.

A partir del Primer Milenio a. C., en su recorrido por el litoral mediterráneo en busca de contactos comerciales con los grupos autóctonos, los fenicios, hábiles navegantes y comerciantes, llegaron a la costa alpujarreña.

De las numerosas colonias o factorías que crearon, algunas se ubicaron en esta comarca. Fueron los posibles fundadores de, por ejemplo, Abdera (Adra), que se convirtió en un importante puerto alpujarreño. Desarrollaron una actividad económica muy ligada a la explotación minera, ya que destinaban los metales al comercio.

Su influencia se aprecia básicamente en la costa, pues parece ser que no se adentraron profundamente en la comarca. Dejaron entre las poblaciones autóctonas un importante legado cultural, que favoreció el auge de una próspera cultura.

Los griegos, con una filosofía comercial parecida a la fenicia, llegaron a La Alpujarra también en busca de sus riquezas. Según Estrabón, crearon una colonia griega llamada Ulissea, de la que puede derivar la actual Ugíjar. Por lo tanto, se adentraron en la comarca con mayor intensidad. Un territorio que, según el autor clásico, era una cordillera cubierta de frondosos bosques, que separaban el interior de la línea de costa.

CARTAGINESES

Su zona de influencia abarcaba gran parte de Andalucía, incluyendo La Alpujarra, donde destacan las zonas de costa, como Abla, junto a algunos asentamientos en altura, como el del Cerro de las Minas (Cáñar).

Herederos de los intereses comerciales fenicios, establecieron por tanto prósperas industrias a lo largo del litoral alpujarreño. Además de la explotación de las minas de la zona, se centraron en la salazón del pescado o en el esparto.

 

ROMANOS

La aparición de los romanos en la Península está relacionada con la segunda Guerra Púnica, cuando ayudaron a los pueblos íberos en la expulsión de los cartagineses. 

Posteriormente se apropiaron de la Península, llevando a cabo todo un complejo proceso de Romanización, a pesar de la oposición por parte de los iberos, que se revelaron en varias ocasiones también en esta zona.

La ocupación romana de la Alpujarra está atestiguada por la toponimia. Además, el registro arqueológico nos muestra que los romanos se extienden por toda la comarca, atraídos especialmente por su riqueza minera, que describen autores como Plinio. Destaca la explotación del plomo de Sierra de Gádor, creándose un importante centro en Berja. 

La mayor parte de los asentamientos romanos se localizan en los valles bajos y medios, con subida a zonas más altas por motivos mineros y ganaderos.

Presentan unos hábitats enfocados a la agricultura y a la minería, así como al control de ciertas vías de acceso al interior de Sierra Nevada, vigilando los valles en dirección N-S que lo permitían. Generalmente, crearon sus ciudades cerca de las principales vías de comunicación y en las zonas menos abruptas y más productivas, existiendo núcleos de población secundarios que gozaban de estatutos diferentes.

Son localizaciones nos aportan restos de estructuras habitacionales, monumentos funerarios, termas, anfiteatros y abundante registro material, destacando la cerámica dispersa, los candiles o las lucernas. Algunos ejemplos serían los yacimientos de los cerros Negrite y Buenavista, el de la Mina de la Sierrecilla (Berja) o el del Cortijo Cecilio (La Heredad, Fiñana).

La ocupación romana se hizo importante en Abla, como evidencia el Conjunto Arqueológico del Oppidum de Alba Bastetanorum, que se corresponde con una población bastetana organizada como municipio romano durante la dinastía Flavia. Su emplazamiento se ha identificado con dicha población y su entorno. 

Existen en la comarca, además, numerosos vestigios de su red de calzadas, de sus puentes, de sus acueductos o de sus molinos de aceite.

La cristianización de la zona, a la llegada de los siete Varones Apostólicos, se identifica como el acontecimiento que marca el final de esta etapa.

 

ETAPA TARDORROMANA. PALEOCRISTIANOS, VISIGODOS Y BIZANTINOS

Esta etapa histórica comprende aproximadamente desde siglo III hasta el siglo VIII. Se describe como un turbulento período de tiempo en el que se producen profundos cambios, también en la zona alpujarreña. La intensa y temprana cristianización significa una revolución ideológica, que se refleja en todos los aspectos de la sociedad hispano-romana. En la zona se hace muy palpable con los mensajes que nos transmite la interpretación del patrimonio histórico-artístico o en la sobriedad de los rituales de enterramiento, reflejados en numerosas necrópolis (Sarcófago paleocristiano de Alcaudique de La Jarela, en Berja; necrópolis de El Bancal del Moro de Huéchar-Alhama-Santa Fé, necrópolis de El Pago de Órgiva, necrópolis del Camino de Santa Rita de Benecid, en Fondón).

Visigodos

Durante esta época en la que el Imperio Romano se desintegra, suevos y visigodos toman el control de la mayor parte la Península Ibérica. Estos últimos dejan también en la zona enterramientos y algún templo, como el ubicado en el terreno de la actual ermita de San Sebastian, en Órgiva.  Al parecer, penetraron por el Valle del Poqueira.

Bizantinos

El Emperador Justiniano, aprovechando las guerras civiles entre visigodos, toma el Sur-Sureste de la Península Ibérica, permaneciendo aquí durante casi doscientos años.