Ya en Prehistoria, y también a lo largo de todo el período histórico, La Alpujarra fue  elegida como lugar de asentamiento por diferentes grupos humanos, que han sabido ver en ella la riqueza de un territorio incomparable. En ella surgieron culturas propias, y otras que tuvieron un origen cercano también se asentaron en la zona. Y aquí han dejado, en mayor o menor medida, huellas de su existencia.

Ello se ha visto reflejado en la infinidad de yacimientos arqueológicos que han llegado hasta nosotros. Así, la arqueología, a través de campañas de excavación y prospección, ha aportado importantes datos sobre la ocupación de este territorio en los distintos períodos históricos.

Esta información se une a la que ofrecen las fuentes escritas, que es más bien escasa. Los textos romanos y árabes citan a la comarca muy superficialmente, siendo su  conocimiento histórico más completo en época nazarí. La primera referencia a La Alpujarra en un texto árabe data de la época del emir Hišân I (796-798), que relata acontecimientos bélicos en la zona.

La información más rica que tenemos sobre ella procede de los datos documentales generados tras la conquista castellana. Hablan de elementos económicos, de divisiones administrativas, de la estructura geográfico-política o de rasgos sociales y culturales. Se trata especialmente de libros de Habices y de los libros de Apeo.

Al haber sido escenario de dos sublevaciones, una de mudéjares y otra de moriscos, aparece en importantes obras como protagonista (Historia del rebelión y castigo de los moriscos de Luis del Mármol Carvajal; La guerra de Granada de Diego Hurtado de Mendoza).